12 de diciembre de 2012

Supéralo, Norah



A veces, me pasmo por un minuto con alguna película y me lleno de cuestionamientos y las palomitas no me saben. Sólo por un minuto. Anoche viendo la elección de Ro, me ocurrió lo del minuto (que es un .zip de emociones a la espera del doble clic).
Las historias románticas me gustan en la pantalla y en el display. Suelo escribir algunas muy idealizadas, pero, sin saber si para bien o mal, en mi realidad cuando merman los romances el duelo se consume pronto. ¿Será que me falta rodearme de todos esos clichés?: La cafetería adorable, la banda sonora onda jazz, frío en las calles, neones noctámbulos, recuerdos indelebles… o simplemente no soy como Lizzy. Algo sí me falta, emprender un nuevo viaje, uno muy despreocupado y muy largo por carretera. Aún sin nada por olvidar, sin lugar del cual huir. My blueberry nights terminó; caminé con Ro al café cercano y después del doble clic, descomprimidas las emociones se escaparon. Pero quedó lo importante, la dicha de las buenas horas compartiendo con él charla, cine, cafeína y bocados de nuestros muy risibles dramas.


29 de abril de 2012

Recortes del domingo que aún no acaba

© 2009 Bruno Valero photography
El desánimo o acaso el tedio había tumbado mis planes de hoy. Maldito. no me lo quité de encima mas lo hice andar conmigo el barrio para ver y no pensar. Qué de cosas encontré. Parejas extrañas, chihuahueños sobreviviendo la multitud, ancianas que aún sonríen, el chico dibujante, un payaso y su pista callejera, un  chico que lee. –Debí sacar un libro –pensé.  Volví a no pensar. Me senté en el único pequeño trozo de jardinera disponible. Observando el suelo, el ir y venir de gente, de las basuritas, de las aves, de las hojas y las sombras. Todo muy entretenido, y de pronto, unos Puma azules se estacionaron frente a mí. Justo en el centro del objetivo.
Vi los Puma presentarse. El derecho, que tenía una happy face trazada con bolígrafo en sepa dios qué momento de ocio. Ascendí la vista entonces. Jeans raídos color gris, dedos largos, un libro, pulseras de hilo, playera blanca con Debbie Harry serigrafiada. Piel muy blanca, mochila deslavada, hombros angostos, sonrisa imberbe –¿seré yo el destinatario? –me pregunté. Caí en sus ojos marrón que respondieron: sí. Sonreí.
El chico rubio de moica y expansión en el lóbulo izquierdo robó lugar a mi lado. Atrapó entre sus piernas un ejemplar de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” de Murakami, e inició una charla que fue como de amigos de años. Él hablaba quedo. Preferí leer sus labios que acercar el oído aunque con ello equivocara parte del mensaje.
Así transcurrió quizá una hora. La tarde se agotó. La temperatura, que descendía, fue perceptible sólo cuando ocurrió el silencio y el incidente. Una legión de hormigas había invadido nuestros jeans. Ni hablar. Hubo que sacudirnos a quienes dieron de manifiesto el momento de partir. El parque se vaciaba. A marcha lenta llegamos hasta su límite sur; sin hormigas, sin palabras, sin otro deseo que el de un buen abrazo con que decirle gracias y también adiós. El deseo no se cumplió. Tan sólo estrechamos las manos rompiendo las sonrisas. Él con un chau, yo, con un bye. Volví. Aún corre este domingo.


18 de abril de 2012

Haiku en la ventana




Pió muy quedito
cuando abrí la ventana.
Todo me contó.



Ilustración de la serie
The Mincing Mockingbird "Subtlety And Horesplay"
Acrílico

18 de febrero de 2012

Lienzo oscuro

Los otros sonidos del silencio. Quejidos de vértebras arbóreas, el tránsito en las arterias de cobre y pvc; el cliché que dan los grillos y los neumáticos y las voces de algún plasma remoto.
En vela para extender el único instante de empatía absoluta.
Nariz y nariz sin casi distancia, proveen el dióxido de carbono que vicia nuestro espacio y me enclava en un lienzo oscuro, surrealista.
Las paredes encendieron un incienso como de moho.
Un suspiro suyo heló el contorno de mis labios, desfasó el hemisferio. Asió los miembros al tiempo de entregarme al sueño.



Ilustración: "Young man sleeping" Asha Carolyn Young